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Lorena Amurrio Montes

Tres postergaciones, conflictos y crisis anteceden a las elecciones

Han pasado 363 días desde las elecciones fallidas de 2019. El nuevo proceso electoral que no debía tardar más de cuatro meses terminó por demorar un año. En ese tiempo, el país afrontó una serie de acontecimientos que hoy llevaron a la población a un hartazgo de la situación y a buscar el inicio de la solución en las urnas.

El 20 de octubre de 2019, al promediar las 20:00, la población seguía de cerca el conteo de votos. De pronto, se paralizó el sistema de transmisión rápida y este hecho fue suficiente para quebrar la delgada cuerda que sostenía el proceso democrático de 2019. Las elecciones generales fueron puestas en duda y comenzó el bloqueo de los denominados “pititas”.

Las ciudades se paralizaron hasta la salida del expresidente Evo Morales el 10 de noviembre. Lejos de resolverse el problema, se agudizaron los enfrentamientos y el país lamentó una treintena de fallecidos en Santa Cruz, Cochabamba y El Alto.

La senadora de Unidad Demócrata, Jeanine Áñez, alcanzó la silla presidencial tras una sucesión constitucional. Pasaron unas semanas y se logró la paz a través de la convocatoria a elecciones para el 3 de mayo de 2020.

“El alargamiento de una crisis social y política no resuelta” es la denominación que utiliza la analista política María Teresa Zegada para nombrar a este periodo. Y es que la fecha se pospuso tres veces.

En enero apareció un virus que amenazaba Asia, en febrero llegó a Europa y para inicios de marzo entró en Bolivia. La pandemia del coronavirus llevó a la población al confinamiento y el 3 de mayo todos estaban en sus casas para evitar los contagios. Las elecciones sufrieron la primera modificación para agosto.

“Cuando nos aprestábamos a celebrar las elecciones el 3 de mayo, viene la pandemia y trastoca todo. Entonces, a la crisis política, se debe añadir la grave crisis económica del confinamiento. La pandemia, como era de esperar, paraliza el cronograma electoral. A estos factores se debe añadir la desafortunada decisión de Jeanine Áñez de postularse como candidata, que deslegitima las acciones del Gobierno de transición”, observa el analista político Rolando Tellería.

La gestión ya era complicada por la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP) con mayoría del Movimiento Al Socialismo (MAS) que se negó a aprobar varias leyes del Ejecutivo. Sin embargo, muchos analistas y la población consideraban que la presencia de la Presidenta en la lista de candidatos era otra piedra más.

Entre junio y agosto, el Beni, Cochabamba, La Paz y Santa Cruz vieron a compatriotas morir en las calles por el colapso de los hospitales. El coronavirus era mucho más grande que el sistema de salud del país.

El Gobierno transitorio fue cuestionado por hacer campaña mimetizada de gestión en estos momentos de necesidad. Pero el hecho que generó mayor decepción fue el caso respiradores.

La denuncia de una compra irregular y con presunto sobreprecio de respiradores llevó al inicio de un proceso penal que hasta ahora no tiene una acusación, pero fue suficiente para marcar la gestión de Áñez.  “En vez de gestionar con prioridad la crisis; más bien, de cara a su campaña electoral, la instrumenta”, dijo Tellería.

En estos meses de luto para Bolivia se pretendió mover la fecha de las elecciones. En esta oportunidad, se presionaba a través de conflictos sociales.

La Central Obrera Boliviana (COB), los cocaleros y movimientos sociales afines al MAS tomaron las carreteras e instalaron más de 70 puntos de bloqueo en ocho de los nueve departamentos.

Estos bloqueos generaron que cisternas de oxígeno no pudieran pasar con normalidad hasta que se negoció con los dirigentes y se armó una caravana interinstitucional para llevar este elemento vital para los pacientes con coronavirus hasta Cochabamba y La Paz. Alrededor de 30 personas fallecieron por la falta de este insumo, denunció el Gobierno.  

“Luego de intensas presiones y negociaciones, se fija al 18 de octubre como fecha definitiva, para resolver en las urnas la crisis política. Las urnas son el mejor camino en democracia. Cuando no se resuelven ahí, las calles toman protagonismo”, dijo Tellería.

En efecto, la herida de los conflictos de 2019 sigue abierta. En las calles, las campañas políticas fueron empañadas con hechos de violencia. Golpes, pedradas y uso de petardos caracterizaron los conflictos que vivieron candidatos y militantes de diferentes partidos en sus actos proselitistas.

La gente está cansada. Este día llegó tras una larga espera. No sólo fue la política, sino el conglomerado de problemas que llevaron al boliviano a anhelar la paz, señalan los analistas.

“Hay un hartazgo en la gente. Más que nunca, la población necesita un respiro que sólo se puede lograr con la paz, a través de la vía democrática”, aseveró Zegada.

 

CARRERA ELECTORAL SIN PRECEDENTES

Cinco binomios están habilitados para disputar la silla presidencial. Al inicio eran ocho, pero tres bajaron sus postulaciones ante la ausencia de un apoyo que les permitiera estar en los primeros puestos de la lucha.

Esta situación tan peculiar de las elecciones lleva a que existan muchos actos de violencia y discriminación contra aquel que piensa distinto. Los viejos rencores del campo y la ciudad;,el oriente y occidente volvieron a surgir en niveles preocupantes.

 

EL PRIMER PASO PARA RESOLVER LOS PROBLEMAS ES ACEPTAR LOS RESULTADOS

REDACCIóN CENTRAL

La pregunta se hizo a todos los candidatos: ¿usted va a aceptar los resultados de los comicios? Las respuestas fueron diversas y en algunos casos poco específicas: “si salen como en las encuestas”, “eso deben preguntar a los perdedores”, “mientras todo sea transparente”.

Según los analistas políticos, Rolando Tellería y María Teresa Zegada, este puede ser el punto determinante entre seguir avanzando en la reconstrucción de la democracia o volver a un panorama de conflictos.

“El respeto a los resultados de las urnas es la parte nuclear de la democracia. Cuando no sucede aquello, la política vuelve a las calles. Entonces, las disputas políticas adoptan el uso de la fuerza y la violencia (...) Por ello, gane quien gane y pierda quien pierda, debe haber un tácito compromiso de la clase política de respeto a los resultados. Sólo así funciona la democracia”, mencionó Tellería.

Asimismo, Zegada ve en el actuar de los líderes una importante responsabilidad.

“Necesitamos el compromiso de las fuerzas políticas con esta elección y con la democracia. Sabemos que en la medida que los líderes asuman, los sectores sociales también van a tener que aceptar y también va a ocurrir viceversa”, aseveró.  

La analista ponderó que otro de los actores fundamentales, el Tribunal Supremo Electoral, realizó un trabajo lo suficientemente transparente para evitar susceptibilidades. Sin embargo, aún así hay algunos sectores que hablan de supuestas irregularidades, aunque no aportan pruebas.

“Lo que tenemos este fin de semana es un órgano electoral que está haciendo todos los esfuerzos para generar condiciones de transparencia y credibilidad (...) El elemento del árbitro estaría resuelto, lo que estaría faltando es que los participantes de esta elección puedan aceptar los resultados”, finalizó la analista.

 

LA CONDUCTA DEL VOTANTE DEBE SER DEMOCRÁTICA

REDACCIóN CENTRAL

El primer y más importante protagonista de las elecciones es el votante. Las redes sociales demostraron que existen posturas radicales frente a este acontecimiento político; por lo cual los analistas instan a la población a tener una conducta democrática en esta jornada y en las posteriores.

Tolerancia y sin violencia son las premisas que promueven los analistas, veedores, periodistas y el Órgano Electoral para llevar adelante una jornada electoral y el escrutinio en el marco de la paz. Este es otro de los pasos en la reconstrucción de la democracia.

“Lo que esperamos de todos los electores es que tengan una actitud democrática. Primero, que la gente participe de esta elección, es muy importante la presencia de todos para darle legitimidad a los comicios. Y segundo, que lo hagan con una actitud pacífica, antes, durante y después de la elección”, señaló María Teresa Zegada.

La analista ve el compromiso del elector como un aspecto fundamental. “Estamos atravesando por un momento muy sensible, no podemos arriesgarnos a una situación de tensión y confrontación”, finalizó.

 

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