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Lorena Amurrio Montes

Un año con pocos avances de paz; la polarización permanece latente

Hace un año, la muerte de 36 personas puso a Bolivia de luto. Los conflictos poselectorales de 2019 sacaron a la luz viejas heridas de polarización y discriminación que ahora son más profundas. Los analistas y políticos en poder ven necesario cambiar de discurso y generar políticas de unidad que vayan más allá de las palabras. 

El 25 de noviembre de 2019, los miembros del Pacto de Unidad y el Gobierno transitorio recientemente sucedido firmaron un acuerdo de paz con una serie de puntos que no se cumplieron. La llegada de la pandemia del coronavirus terminó por complicar la situación, y en un año Bolivia está lejos de la unidad y la paz total. 

Insultos, intolerancia, violencia se viven día a día en las calles y redes sociales de los bolivianos. La ideología política está notoriamente dividida en dos bandos grandes y muy marcados que casi no dan lugar a ideas diferentes a las propias. Entender al otro parece una tarea titánica en algunos casos. 

Según analistas, una serie de factores fallaron a lo largo de este año, entre ellos: las denuncias de corrupción contra el Gobierno transitorio, las candidaturas opositoras y los bloqueos. 

“En vez de gestionar con prioridad la crisis de salud; más bien, de cara a su campaña electoral, la instrumentalizó (la expresidenta Jeanine Áñez) y esto molestó mucho a la población”, según el análisis del politólogo Rolando Tellería. 

La situación no mejoró cuando la Central Obrera Boliviana (COB), los cocaleros y movimientos sociales afines al Movimiento Al Socialismo (MAS) tomaron las carreteras e instalaron más de 70 puntos de bloqueo en ocho de los nueve departamentos. Pando estaba libre y Cochabamba era la más golpeada. 

La gente está cansada. No sólo fue la política, sino el conglomerado de problemas que llevaron al boliviano a anhelar la paz. “Hay un hartazgo en la gente. Más que nunca, la población necesita un respiro que sólo se puede lograr con la paz, a través de la vía democrática”, asevera la analista María Teresa Zegada.

Toda la situación vivida a lo largo de este año impulsó a que el Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (Ceres) lleve adelante una investigación sobre la coyuntura político social del país. 

El documento final se presentó el pasado viernes y es denominado “Polarización en Bolivia: tolerancia a la violencia en conflictos sociales”. La investigación se hizo a través de grupos focales en diferentes departamentos del país. 

Uno de los integrantes de la empresa Diagnosis, Julio Córdova, explica que el objetivo es identificar las condiciones que llevan a la polarización de Bolivia. A partir de ello, “aplicar políticas que permitan aminorar este problema en Bolivia y otras partes de América Latina”. 

Córdova precisa que se hallaron cuatro variables que influyen en el proceso de polarización. “La primera son condiciones estructurales; la segunda la denominamos economía de las emociones políticas; la tercera es el medio de movilización y la cuarta son los factores desencadenantes. La idea es identificar si estas variables funcionan en un determinado contexto”, señaló. 

Las variables estructurales consisten en las diferencias socio económicas, culturales y conflictos sin resolver en términos regionales que son parte de la estructura del país. Todo ello, alimentado por las dificultades de acceso al empleo y la debilidad institucional del Estado, indica el estudio.

“Todos estos elementos de contexto son favorables a la polarización”, señala el investigador. 

La variable denominada economía de las emociones políticas colectivas corresponde a todas aquellas emociones que surgen en los grupos sociales. Por ejemplo, las denuncias de un supuesto fraude en las elecciones del 18 de octubre llevaron a un descontento en un grupo que, frente a estas emociones, determinó asumir acciones, como cabildos y bloqueos.

Estos sentimientos colectivos ocurren en todos los sectores de la población y últimamente fueron negativos y de descontento. El estudio identificó al menos cuatro sensaciones: frustraciones, temor, desconfianza en las instituciones e incertidumbre hacia el futuro. 

“Cuando estos cuatro sentimientos se hacen presentes en una misma clase social y coyuntura, la probabilidad de polarización y enfrentamientos es mayor”, asevera Córdova. 

Otra de las variables identificadas en este estudio corresponde a los medios de movilización. Es decir, aquello que motiva a la gente a sacar a la luz todos los sentimientos negativos y llevarlos a un escenario de violencia en algunos casos. 

“Si en un contexto existen discursos que llevan a la polarización y si son creíbles para esas clases sociales, pueden llevar a un escenario de violencia; segundo, son las organizaciones movilizadoras que convocan y organizan, y tercero, son las redes sociales a través de las que también predisponen a la gente a movilizarse”, detalla el investigador. 

Sin embargo, es necesario que existan factores desencadenantes para que estas tres variables exploten. Los factores que identificó el estudio son diversos en cada coyuntura. 

“En 2019, para las clases medias fue la paralización del conteo rápido de votos de las elecciones. Mientras para las clases bajas fue la quema de la wiphala, además e las masacres de Sacaba y Senkata”, ejemplifica Córdova. 

Cuando todas estas variables se juntan en un mismo momento y se desencadenan, llevan a la ira y violencia. Es así que se generan los escenarios de polarización y confrontación, un escenario que, por el momento, se encuentra apaciguado. 

¿Qué hacer ante este escenario? La tarea es de todos, pero recae con mayor responsabilidad en las autoridades electas el 18 de octubre. 

La diputada del MAS Magaly Gómez señala que existen tres medidas para hacer frente a la situación del país. 

“La educación es la medicina más efectiva para que se depongan actitudes negativas. Luego, hay que sancionar si es que existen personas que infrinjan la normativa. Y finalmente, en caso de que existieran acciones de daños, pues la sanción”, indica Gómez.

El diputado de Comunidad Ciudadana (CC) Saul Lara considera que el Gobierno debe dejar de lado la prioridad de perseguir al Gobierno de transición. “Nos preocupa que se estén repitiendo las mismas actitudes confrontacionales y que no ve a la oposición como parte de un todo de la sociedad boliviana”, menciona.

Delante del altar a los fallecidos de Huayllani, en los conflictos de 2019, una mujer exclamó: “Es una herida que tardará mucho en sanar”. 

En efecto, las vidas de 36 familias cambiaron por completo luego de noviembre de 2019; sin embargo, es tarea de cada habitante de este país evitar que esa herida se infecte. 

 

LOS CONCILIADORES DEBEN PRIMAR

En los últimos días, algunos sectores del MAS y de la oposición dieron discursos conciliadores. Se habla de un reencuentro, trabajo conjunto y reconciliación del país. Analistas y grupos de la población consideran que estas personas deben ser protagonistas en la política actual. 

“Fue un alivio escuchar el discurso del vicepresidente David Choquehuanca. El problema es que luego aparecen los radicales y tiran por la borda la idea de pacificar el país”, señaló una ciudadana, Regina García. 

 

CLASE MEDIA, LA MÁS POLARIZADA Y DESCONTENTA

REDACCIÓN CENTRAL

El retorno del Movimiento Al Socialismo (MAS) al poder tranquilizó los ánimos de un importante sector de la población. Sin embargo, hay otro que permanece con sentimientos de frustración e ira y se trata de la clase media, según el estudio que emprendió el Ceres. 

El investigador Julián Córdova explica que se identificaron las mismas condiciones de polarización presentes en octubre de 2019, pues se han mantenido durante este año, principalmente en la clase media. 

Los hallazgos del estudio revelan que las condiciones estructurales y los sentimientos negativos siguen presentes en un sector de la población 

“También tenemos discursos polarizantes, sectores movilizadores y redes sociales que inciden en la gente. Sin embargo, no se presentan factores detonantes. 

Según Córdova, hay un riesgo latente de que algo ocurra en las elecciones subnacionales y esto lleve a la movilización de la clase media nuevamente. 

“Los sentimientos negativos de las clases bajas se han atenuado con la victoria del MAS. Hay mayor confianza en el sistema, por lo tanto, su predisposición a la movilización es menor”, indicó Córdova. 

Es así que los dos bandos en los que se encuentra dividida Bolivia aún no pueden subsanarse. A esto se suma que dentro de los dos sectores hay microdivisiones que llevan a más fisuras del país. 

La tarea sigue pendiente y aparenta ser compleja. 

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