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EFE

María Alejandra Muñoz: “La pandemia del Covid-19 se ensaña con grupos vulnerables como los niños”

ELÍAS L. BENARROCH

La vicepresidenta ecuatoriana, María Alejandra Muñoz, alerta de que la pandemia del coronavirus puede producir un retroceso de toda una década en los avances por la equidad social en Ecuador, con un impacto particularmente negativo en grupos vulnerables como los niños.

“Ética”, “responsabilidad”, “cohesión social”, “dignidad” o “lucha contra la corrupción”, abundan en el discurso de Muñoz, que llegó al cargo en julio como cuarta subalterna del presidente Lenín Moreno desde 2017.

Nacida en Guayaquil hace 41 años, cree en la necesidad de cambiar paradigmas, de no perder ni un día para ejecutar cambios que refuercen la institucionalidad, y que problemas como la desnutrición infantil o la lucha contra la violencia familiar deberían estar por encima de las divergencias políticas.

P. ¿Cuál es el daño social de la pandemia en Ecuador?

R. Las cifras dicen que las condiciones de vida y de educación han sido afectadas, y ahí tienes desigualdad más en lo vertical que en lo horizontal. Es decir, desigualdad por sexo, o el incremento de violencia intrafamiliar.

Asimismo, en el acceso a la educación, no todos tienen las mismas condiciones: un niño con desnutrición crónica no puede acceder a educación digital porque no tiene la misma capacidad para entender. Y Ecuador es el segundo país de la región en desnutrición crónica después de Guatemala, con cerca del 25 por ciento de los niños.

Hay también afectaciones a la juventud, porque el 60 por ciento de quienes perdieron su empleo son jóvenes, o a la mujer rural, que trabaja seis horas más a la semana que la urbana y 24 horas más que el hombre rural, y sólo son remuneradas el 38 por ciento de las que trabajan.

P. Al asumir su cargo, Moreno le encargó desacelerar ese daño al tejido social, pero con muy poco tiempo por delante porque hay elecciones en febrero y los problemas son acuciantes.

R. Todos los caminos, por más largos que sean, tienen que empezar con un paso y Ecuador ha dado muchos. ¿Cómo desaceleras esos daños? Reactivas el tejido productivo para que te permita a su vez atender lo social, protegiendo al que no va a poder protegerse por sí mismo.

El reto de los países de renta media y renta baja es mucho más grande que los de renta alta. Es el momento de priorizar bajo principios que tengan al ser humano en el centro: solidaridad, subsidiariedad, repartir al que menos tiene y bien común.

En enero podrían sumarse al círculo de pobreza extrema cerca de 800.000 nuevos casos si no logramos garantizar la seguridad alimentaria y la cobertura social.

En la reconstrucción del tejido social hemos priorizado la niñez, la vejez, la mujer, al joven; se abrieron espacios de nuevas modalidades de empleo. Los países que más rápido van a salir de esta crisis, o contener los daños y aminorar las brechas más rápido, son los que producen, los que generan confianza entre sus ciudadanos y se unan (para colaborar).

P. Aunque con mucha menos tensión interna que hace cuatro años, la sociedad ecuatoriana sigue fragmentada y eso genera desconfianza.

R. Sí, estamos en contextos y entornos globales de falta de confianza. Se dice “lo que creo, lo que pienso, lo que opino”, sin ningún tipo de responsabilidad, y eso genera una sensación de que ya nadie sabe qué es cierto y que no. Tendemos a pensar que nada es honorable, que todo es antiético, o que todo aquel que se acerca al poder tiene ciertos intereses, y esto lo que hace es ahuyentar a los verdaderos talentos, a personas de principios comprometidas con el bienestar social. En el momento en que todos desconfiamos de todos, comenzamos con la frivolidad de la sociedad. Pero la política no debería ser otra cosa que romper con el egoísmo, poner en el centro al ser humano y pensar siempre en el bienestar común.

P. Una gran parte de esa desconfianza se origina en la  corrupción. Ecuador no es una excepción.

R. La madurez institucional permite plantear algunos mitos y verdades que hay que destrabar en todo lo relacionado con la corrupción. Hemos asociado permanentemente la lucha contra la corrupción con temas de dinero, con aprovechamiento del poder público en beneficio propio.

Y lo primero que debemos destrabar es que la lucha contra la corrupción empieza desde la educación, por establecer cómo se trabaja en la ética, en el discernimiento del “no robaré lo que no me pertenece”, y no solo en Ecuador sino en la región, la sensación de que solo hay un responsable de todo, el Ejecutivo.

No comprendemos que el trabajo es integral, que no hay una sola persona para resolver todos los problemas de corrupción, sino un sistema. Y que no todo acto antiético es ilegal.

P. Ud. suele hablar de “nuevos liderazgos” para romper paradigmas... ¿A qué se refiere exactamente?

R. Este es un momento de serenidad, de calma, de reflexión. El exceso de ruido no nos permite aterrizar en las ideas. Liderazgo no es el que atiende la coyuntura y ofrece que las cosas se van a solucionar de un momento al otro de la nada.

Por la tecnología, que nos hace todo más fácil y rápido, vivimos en un nuevo mundo con una falta de paciencia que no nos permite repensar (el rol de) los liderazgos hacia el futuro.

La Covid nos ha hecho una pausa. Los liderazgos tienen que volver a plantear discusiones (fundamentales), no pueden continuar siendo parte de los “(asuntos) pendientes”, o estar allí sin la colaboración de todos los actores.

 

¿CUÁL ES EL MAYOR LOGRO DEL GOBIERNO DE MORENO? 

R. La reinstitucionalización del país a través de pensar en democracia, de una clara división de poderes, de la libertad de expresión, de la transparencia de datos donde las autoridades judiciales y de control puedan acceder y revisar la actuación de funcionarios de cualquier gobierno, incluyendo el nuestro.

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